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A mitades del siglo XIII es donde se marca la llamada primera revolución industrial de la humanidad, ésta trajo consigo una serie de cambios perfectamente identificables, y en resumen básicamente pasamos de una economía basada fundamentalmente en la agricultura y el comercio a una economía de carácter urbano, industrializada y mecanizada.

Pero éste proceso no se ha detenido en ningún momento, este proceso de cambio si bien marcó un hito en la historia, nunca ha dejado de evolucionar. Hemos pasado de hecho ya por distintas formas de comercialización, las empresas aprendieron en algún momento a ser totalmente autosuficientes y fueron los primeros oferentes que lograron la industrialización de sus procesos y a lo largo de algunas décadas el mercado se ha convertido en un escenario muy distinto, donde ahora las empresas son clientes a su vez de otras empresas, combinando esfuerzos para lograr resultados integrales, es un nuevo escenario en dónde el cliente se convierte en un tomador de decisiones experto, gracias a la cantidad de información a la que actualmente todos tenemos acceso.

¿Y qué pasa con la industria actualmente? ¿Cómo hemos evolucionado también con las nuevas tendencias? Estamos ante un cambio de procesos tan importante como el cambio al que se ven sujetos los consumidores finales, distribuidores, transformadores y toda la industria de productos y servicios. Ya hemos pasado por el proceso de “institucionalización” de los entes morales que nos representan, ya hemos invertido en modelos de negocios que se adapten a las nuevas formas de comercialización que permiten el flujo hoy en día como el “just in time” y otras certificaciones de procesos y calidad que nos mantienen dentro del mercado competitivo, entonces ¿qué debemos cambiar?

Todo proceso de cambio es en sí una revolución, y éste cambio es necesario porque no podemos negar las nuevas olas crecientes. Constantemente nos vemos tentados a seguir manteniendo los modelos que nos han guiado hasta el punto que nos encontramos, sin embargo, es necesario reconocer que conforme pasa el tiempo las “fórmulas” van cambiando, sería inadecuado pensar que lo que hicimos en el pasado nos mantendrá competitivos en el futuro.

¿Y cuándo decidimos cambiar y qué cambiamos? Esto depende de la estructura misma de la empresa, su participación en el mercado, el crecimiento, diversificación de capital humano, objetivo de la empresa, cambios de escenario exterior, etc. y sin embargo, aunque aparente ser algo complicado, el objetivo es realmente sencillo y aparentemente fácil de llevar a cabo: “lograr que en toda la estructura organizacional se comprometa con un mismo objetivo” pues actualmente el mayor problema que identificamos dentro de las organizaciones es la desfidelización de sus miembros, reduciendo la capacidad de todos los departamentos con un efecto “dominó” difícil de desintegrar si no aplicamos verdaderas soluciones.

Dale la bienvenida al cambio; el comercio, los consumidores y la industria, seguiremos avanzando.